Una vez más, y son… La tragedia de la inmigración (¿fenómeno, problema, amenaza, avalancha, invasión?) nos deja su testimonio en el fondo de un cayuco: cuatro cuerpos, cuatro gritos, cuatro desesperaciones, cuatro vidas perdidas. Rabia, impotencia, indignación, no son respuesta adecuada. Ni siquiera buscar culpas ni responsabilidades, ya de sobra conocidas y repartidas, con nuestra propia cuota, con una parte especial de los que miran para otro lado o se ponen de perfil, o se sienten ridículamente amenazados – miserables, fanfarrones de pecho ufano, cobardes – y hablan de efectos llamada, y siembran plantas de odio con semillas de miedo.

Nada responde a esa pregunta cuya respuesta nadie sabe, nada es respuesta a la interpelación que la Historia nos deja en una playa, en el fondo de una barca. La torpe impotencia de nuestras autoridades delegando su participación en el crimen sobre hombros ajenos no refleja sino el absurdo de hablar ante esos cuatro cuerpos.

Los abogados extranjeristas nos sentimos interpelados, como parte de la sociedad, y por nuestra propia dedicación, cada vez que la inmigración revela su faz más trágica. No nos dejaremos pervertir en aquellos sepultureros insensibles que Shakespeare primero, Leon Felipe después, denunciaron, pero menos aún nos dejaremos aplastar por el silencio culpable, aunque en días como hoy en que la noticia nos abofetea, sólo podemos encerrarnos en el silencio aplastante de esos cuatro cuerpos.

Nos sumamos a cuantas iniciativas se convoquen en las islas, en la península, en Europa, en el mundo entero, para expresar todo lo que hay en ese silencio temporal, para llorar la rabia, para no dejarnos arrastrar a la indiferencia, para gritar mañana en defensa de los derechos de esos seres humanos que siguen llegando a nuestras costas y a nuestras fronteras, empujados por matanzas, hambre, miseria y desesperación que nos recuerdan tanto a las de nuestros abuelos, para que podamos seguir mirándonos al espejo, y para poder decir a nuestros nietos que nosotros mantuvimos nuestro respeto en silencio, pero no nos quedamos quietos ante esos cuatro cuerpos.

 

Francisco Solans Puyuelo
Vicepresidente y Portavoz de la Asociación de Abogados Extranjeristas